sábado, 20 de marzo de 2010
Mientras atravesaba la secundaria entre botellas, discos y algunas mujeres, siempre me pareció que mi futuro iba a ser una locura. Una vida fuera de todo parámetro, que bajo ningún concepto me estaba encaminando hacia el tipo de vida que mis padres habían marcado. Me imaginaba que cualquier cosa podría pasarme. En fin me creía un loco soñador, un viajaron incansable, un arquitecto prodigioso y otras mil variantes. Con el paso de unos pocos años descubrí que todos caemos en algún lugar de la sociedad. Qué todo esta lleno de tópicos, que los lugares comunes, por algo son comunes. Que de una manera inconsciente trabajamos para el estereotipo. Vivimos imbuidos de individualismo, somos todos re distintos, pero en el fondo no tanto. El que lee, se deja la barba, al que le gustan los discos se compra zapatillas y muñequitos coleccionables, la señora que maneja un taxi, se vuelve un poco machona, el chef moderno se viste igual en todo el mundo, al artista plástico le gustan los anteojos con marco grande, al de las chombas le gusta el tenis, a los jipis los colores, los modernos y sus remeras con leyendas. Aunque reneguemos todos ocupamos nuestro lugar y correrse es difícil.
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